En todos los países del mundo, desde la India y Egipto a América y Japón, las clases más pudientes gastaban enormes sumas de dinero para conseguir productos de importación destinados a usos domésticos, en tanto que los más pobres y humildes los recolectaban en los campos, los bosques y los jardines.
Aparte de aromatizar y conservar los alimentos, muchas hierbas son excelentes detergentes, insecticidas, fumigantes
o purificantes del ambiente; son útiles para lavar y perfumar la ropa blanca. Incluso pueden servir para fabricar velas y
tintas. Sin embargo, aquí nos ocuparemos de los principales servicios caseros de las plantas, entre los cuales no hay duda de que destaca el de perfumar la casa. Claro que no todas las plantas poseen el mismo grado de esta virtud. Un antiguo médico griego, MARESTHEUS, recomendaba utilizar para las guirnaldas de sus invitados hierbas vivificantes como el orégano, nunca el lirio, pues su olor comunicaba cierta pereza a las personas. Los ambientes pestilenciales eran combatidos antaño con vinagres a base de hierbas fuertes, o quemando raíces aromáticas. A este respecto, es la rosa la flor que se lleva la palma por su aroma delicado y balsámico, cuyos pétalos entran a formar parte de lo que se llama vulgarmente un popurrí aromatizante, por otro lado muy fácil de preparar.