Las hierbas forman parte de nuestra vida cotidiana. Cocinamos con ellas, las plantamos, las usamos en cosmética y perfumería, e incluso las bebemos como tisanas. A lo largo de los siglos la gente del campo las ha utilizado creando mitos y tradiciones alrededor de ellas. Tan pronto como el hombre primitivo descubrió que estas plantas eran tan útiles para él como agradables a sus sentidos, las hierbas y las plantas silvestres comenzaron a desempeñar un papel importante en la vida diaria, así como en la vida religiosa.
Tal vez la gran importancia de las hierbas en la magia derive de sus efectivos usos medicinales. Algunas se vieron envueltas en ceremonias especificas tanto sagradas como profanas: se utilizaban para santificar un templo o bien para invocar un "mal de ojo".
Los druidas recogían hierbas con gran reverencia. Vestidos con túnicas blancas de lino, ningún calzado en los pies, cortaban hierbas con una hoz o cuchilla de oro. Se consideraba que lo más efectivo era recoger las hierbas desnudo yen luna llena, o justo después de la misma.
El ama de casa rural llegó a respetar mucho las hierbas, pues éstas constituían su botiquín médico y un excelente condimento culinario. También observaba gran cuidado en la recolección; la tradición aconsejaba utilizar siempre la mano izquierda, no usar nunca una herramienta de hierro y no dar jamás la cara al viento ni mirar detrás de si mientras se recogían.
No se sabe si las propiedades medicinales de las hierbas fueron descubiertas como resultado de su uso culinario o viceversa. No hay duda de que el aroma de las hierbas tuvo mucho que ver con el modo en que el hombre fue atraído hacia ellas por primera vez: un aroma penetrante indica la presencia de aceite esencial, una sustancia poderosa que puede, obviamente, ser utilizada en perfumería y en aromaterapia, pero también en dar sabores a las comidas y en prácticas médicas.
La llegada del siglo XX supuso el eclipse de las plantas medicinales con el advenimiento de las drogas sintéticas, pero los tan frecuentes e imprevisibles efectos secundarios de estas últimas han llevado de nuevo a los científicos a analizar las plantas utilizando técnicas de análisis modernas. Así la aromaterapia -terapéutica por las esencias vegetales o aceites esenciales- vuelve a ser reconocida como práctica médica.
Además de sus aplicaciones médicas y culinarias, las hierbas pueden actuar también como repelentes de insectos y polillas, en este caso son especialmente efectivos el tanaceto y la ruda, que poseen olores rancios y amargos. Otras resultan eficaces para mantener a las moscas apartadas, así como para conservar tanto la casa como el jardín libres de plagas. El romero, la manzanilla y la menta se utilizaban para evitar infecciones. Las hierbas secas guardadas en pequeños saquitos endulzan el aire de las habitaciones.
Los aceites esenciales de las hierbas son ingredientes vitales en numerosos cosméticos, por lo cual las hierbas han encontrado también su utilidad en el cuidado de la belleza. Se añaden a cremas para la piel, champúes, acondicionadores, jabones y perfumes