
Lo primero y fundamental es la recogida de la manzana a su debido tiempo. El momento idóneo son los meses de octubre y noviembre. Se recogen las cantidades pertinentes de los distintos tipos. Una vez recogida se desechan las manzanas podridas o "bichadas" e incluso aquellas que tengan la piel rota. Este paso es esencial ya que estas pequeñas heridas darían pie a la proliferación de capas de gérmenes infecciosos muy difíciles de controlar.
Las manzanas escogidas se lavan cuidadosamente y se meten en un recipiente (en Asturias "duerno") donde se machacan. De aquí saldrá el mosto dulce o zumo de manzana con el que se van llenando los toneles (pipes).
Empiezan aquí los procesos de maduración en los toneles, por los que el mosto sufre distintas fermentaciones y se convierte en sidra. Cuando los toneles están llenos, se tapan y se dejan fermentar. Es importante comprobar que no cojan aire. Si es así se rellenarán.
Después se cambia la sidra de unos toneles a otros (se "trasiega") para ir eliminando los posos. A los dos o tres meses de la llagará ya puede probarse para ver si esta buena. Ésta es la esperada espicha. Después de cinco o seis meses la sidra ya esta lista para consumir.
Entonces se saca la sidra, se embotella y se corcha dando el proceso por terminado