Los vinos de esta Denominación de origen se producen en terrenos del Valle del Ebro y sus afluentes, entre las Conchas de Haro, aguas arriba y los llanos de Alfaro. Por tanto esta zona ocupa territorios pertenecientes a las Comunidades Autónomas de La Rioja, Navarra y País Vasco (Álava), aún cuando el 80 % es de la primera y las otras dos se reparten el 5 % y el 15 % restante, respectivamente.

En esta zona existen grandes diferencias de suelo, de exposición al sol y de influencias marítimas del Cantábrico; lo que ha aconsejado que la Rioja se divida tecnológicamente en tres subzonas: La Rioja Alavesa, productora del 25 % del vino de la Rioja y que comprende los terrenos a la izquierda del Ebro, en los que están incluidas una parte de Álava y el enclave de la Sonsierra que depende administrativamente de la Comunidad Autónoma de La Rioja; La Rioja Alta, produce el 43 % y comprende los terrenos del margen derecho del Ebro; y la Rioja Baja, productora del 32 % y que ocupa el resto del margen derecho del Ebro y la parte que pertenece a Navarra.

El cultivo se realiza en tres tipos de suelos que confieren a los vinos caracteres muy distintos:

Suelos arcillosos-calcáreos: Son los mejores para obtener vinos de calidad. Producen vinos con mucho extracto, mucha glicerina y elevado pH, idóneos para envejecer. Predominan en la Rioja Alavesa y la Sonsierra.

Suelos arcillosos-ferrosos: Producen vinos de calidad con características intermedias entre los otros dos. Un 20 % del viñedo de La Rioja Alta y un 32 % del de la rioja Baja es de este tipo de suelo.

Suelos aluviales: Normalmente son los más próximos a los cauces de los ríos. Producen vinos más alcohólicos, con un pH no muy alto. Son menos adecuados para la crianza. En la Rioja Navarra un 60 % de la superficie de su viñedo es de este tipo de suelo, en la Alta un 50 %, en la Baja un 43 % y en Álava un 10 %.

En cuanto al clima, encontramos también una gran variedad, pudiendo contemplarse dos comarcas muy diferentes, separadas por el río Iregua. La primera, aguas arriba del Ebro, desde Logroño, es más lluviosa, con otoños templados, inviernos largos y veranos fríos, tiene una mayor influencia atlántica. Sus vinos son más ligeros, ácidos y afrutados. La segunda, aguas abajo del Ebro, es más seca, con inviernos soleados y veranos bastante calurosos, tiene mayor influencia mediterránea y sus vinos son de más grado y cuerpo, más pesados.

Un tercer factor que provoca la diversidad es el correspondiente a las variedades de vid que se cultivan: en tintas, el Tempranillo, el garnacho, el graciano y el mazuelo principalmente. En blancos: la malvasía, la viura y la garnacha blanca. La base del buen vino tinto de Rioja es el tempranillo, variedad que cría y envejece muy bien.

La garnacha es muy adecuada como complemento y para obtener vinos rosados. El graciano es el encargado de dar la gracia al vino. La viura es la base de los buenos vinos blancos riojanos.

En general, el vino de Rioja se obtiene de una mezcla de diversos tipos de uvas por lo que la influencia de éstas en la diversidad de los tipos de vino es aún mayor.

Características generales de los Vinos de Rioja

Son los vinos españoles que tienen más notoriedad tanto en el comercio nacional como internacional. Se producen blancos, rosados y tintos. Dentro de ellos existen numerosos tipos y estilos según las zonas (Rioja alta, Rioja Baja, Rioja Alavesa) y tipos de bodegas (modernas y clásicas). Los que han dado mayor renombre a La Rioja son los vinos tintos.

Vinos blancos. Dentro de ellos hay tres tipos: blancos jóvenes, blancos jóvenes fermentados en barrica y blancos envejecidos en barricas de madera.

Vinos Rosados.

Vinos Tintos. De amplísima gama, según las zonas donde estén elaborados. Se pueden distinguir los siguientes tipos: tintos jóvenes, tintos de crianza, tintos Reserva y tintos Gran Reserva.